Portugal, Sagres
Felix, Pedro, "El Chino" y Rubén en el Cabo San Vicente de Sagres, donde las puestas de sol son maravillosas.
Cuatro kilómetros antes de llegar a Sagres podemos ver, a la izquierda de la carretera, las grutas del Monte Francés. Y en Sagres es de visita obligatoria el Promontorio Sacro, donde los acantilados caen furiosamente en picado al océano. Una pequeña carretera, que bordea la preciosa ensenada de Beliche, nos lleva hasta el cabo de San Vicente, donde, según dijeron los romanos, el sol hace hervir el mar cada tarde. Y es que las puestas de sol aquí son maravillosas... Mientras tanto, el faro del cabo, con sus 62 metros de altura, pierde su luz millas adentro en el Atlántico.
Sagres es un pueblecito del Algarve portugués situado en el extremo más sud-occidental de la costa y de toda Europa.
Es un pueblo pequeño, con pocas casas, algunos restaurantes y unos cuantos hoteles, pero en general está poco poblada, tanto de turistas como de lugareños.
El ambiente es cálido por el dia y fresco por las noches, con una deliciosa brisa constante, parecido al norte de España.
Pero lo mejor son las playas y los lugares para "explorar":
playas enormes y desiertas, de arena finísima y aguas azul profundo limpísimas, bastante frías, eso sí, algunas tranquilas, otras azotadas por un fuerte viento para deleite de los windsurfistas. Calas a las que sólo se accede desde el mar o trepando por las rocas de la costa. De camino al Cabo de San Vicente (visita obligada, en la que no hay que olvidar llevar ropa de abrigo incluso en verano) una villa o fortaleza abandonada con una escalinata que baja hasta el mar, de vuelta a Sagres, una visita a la escuela de navegación que dio formación a los grandes descubridores portugueses.
Además se puede difrutar de las especialidades de pescado fresquísimo en los restaurantes, bien de calidad aunque no demasiado baratos.
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